
19 Oct Saber actuar ante una parada cardíaca puede cambiarlo todo
“No puedes vivir con ese miedo. Tienes que tirar para adelante”. Jesús Barroso sabe lo que significa que, de un momento a otro, el corazón se pare. También sabe lo que supone despertar después, recuperar la vida y aprender a continuar sin convertir el temor a que vuelva a suceder en el centro de cada día.
Esther Rodríguez vivió la otra cara de una parada cardíaca: la espera. Mientras su marido, Antonio Mendoza, permanecía ingresado, pasó aquellas horas “rezando para que no me llamaran antes de la una”, temiendo que cualquier noticia anticipada fuera la peor. Sin embargo, a las seis de la mañana alguien salió a buscarlos para decirles que Antonio había despertado. Ocho años después, ambos hacen una vida normal. “A partir de ese día creo en los milagros”, confesó Esther, que mantiene intacto su agradecimiento al Dr. Enrique Sánchez García-Pardo, uno de los médicos que participó en su reanimación.
Sus testimonios fueron uno de los momentos centrales de “La RCP salva vidas”, la jornada celebrada por el Colegio de Médicos de Ciudad Real con motivo del Día Mundial de la Parada Cardíaca, en la que profesionales, pacientes y familiares mostraron desde perspectivas distintas qué sucede desde que una persona cae al suelo hasta que, si la cadena funciona, consigue volver a su vida.
Antonio Mendoza quiso comenzar su intervención final dando las gracias a quien contribuyó a salvarle la vida, pero también puso el foco en quienes muchas veces permanecen en el anonimato. Recordó la importancia de la persona que presencia una parada y simplemente hace la llamada que pone en marcha toda la asistencia, esos “héroes anónimos” que actúan sin esperar reconocimiento alguno.
Precisamente esa fue una de las principales conclusiones de una jornada concebida no solo para profesionales sanitarios, sino también para la población: cualquiera puede encontrarse algún día ante una parada cardíaca y convertirse en el primer eslabón de la cadena de supervivencia.
El presidente del Colegio de Médicos, Dr. Manuel Rayo Gutiérrez, destacó en la apertura la apuesta de la institución por la formación y por trasladar a la sociedad conocimientos de interés sanitario. La parada cardiorrespiratoria, señaló, exige coordinación, preparación y decisiones rápidas en circunstancias de extrema gravedad, por lo que defendió la formación continuada y la capacidad de los profesionales para revisar siempre cómo mejorar su actuación. Rayo tuvo también palabras para los pacientes recuperados. “La mayor satisfacción que tiene un médico es verlos ahí”, afirmó, y se refirió a la posibilidad de ofrecerles una “segunda oportunidad”. Extendió su reconocimiento a los equipos del 112 que atienden las paradas fuera del medio hospitalario, donde las condiciones son especialmente complejas, y pidió a los supervivientes que aprovechen esa oportunidad “para ser más felices y para crear más felicidad a su alrededor”.
El Dr. Ignacio Sánchez Barrancos, encargado de conducir el encuentro, recordó que recuperar el latido no supone el final del proceso. “La parada no termina en el momento en que el corazón empieza a latir”, explicó, porque a partir de ahí comienza otro periodo de recuperación, adaptación e incertidumbre para el paciente y su entorno. Agradeció especialmente a Antonio, Jesús y Esther que compartieran públicamente una experiencia tan personal y subrayó que cualquiera puede convertirse algún día en el primer eslabón de la cadena de supervivencia.
Actuar antes de que llegue la ayuda
El Dr. Enrique Sánchez García-Pardo, médico de la Gerencia de Urgencias, Emergencias y Transporte Sanitario (GUETS), abordó la atención extrahospitalaria y presentó su experiencia en paradas cardiorrespiratorias y ritmos desfibrilables refractarios. Durante el debate insistió en que uno de los puntos más vulnerables de la cadena se encuentra precisamente antes de la llegada de los profesionales. “El eslabón más débil de la cadena de supervivencia suele encontrarse en los testigos de la parada”, señaló. Reconocer que algo ocurre, llamar inmediatamente a emergencias e iniciar una RCP básica pueden modificar el desenlace. Ante el temor a equivocarse o producir una lesión, su mensaje fue muy claro: “Ante la duda, lo haces”. Sánchez García-Pardo defendió además extender el aprendizaje desde edades tempranas y reforzarlo posteriormente. También aportó una perspectiva menos visible: la manera diferente en la que cada superviviente afronta posteriormente lo ocurrido. Algunos pacientes consiguen convivir con ello sin especiales consecuencias emocionales, mientras otros prefieren no recordarlo, una reacción que, señaló, debe ser comprendida y respetada.
El Dr. Alfonso Ruiz-Poveda Cano, médico de Atención Primaria, resumió en tres ideas lo que cualquier ciudadano debería recordar ante una posible parada cardíaca: llamar inmediatamente a emergencias, perder el miedo a utilizar un desfibrilador y no esperar pasivamente a que llegue la ayuda. “No hay que esperar a que llegue la ayuda. Tienes que ser la ayuda tú mismo”, afirmó. Ruiz-Poveda defendió además una enseñanza estructurada de la reanimación cardiopulmonar en los centros educativos, de forma que no dependa únicamente de iniciativas puntuales. Incluso los niños que todavía no tienen fuerza suficiente para realizar compresiones pueden aprender a reconocer una situación de emergencia y pedir ayuda.
La Dra. Carmen Corcobado Márquez, especialista en Medicina Intensiva del Hospital General Universitario de Ciudad Real, explicó qué ocurre una vez que el paciente recupera la circulación y llega al hospital. Determinar por qué se ha producido la parada, afrontar el síndrome postparada cardiaca y valorar la posible afectación neurológica constituyen algunos de los grandes retos en las primeras horas. Corcobado recordó un dato especialmente relevante para comprender el papel de la ciudadanía: la RCP practicada por testigos duplica las probabilidades de supervivencia, mientras que una desfibrilación realizada en los primeros tres a cinco minutos puede alcanzar tasas de supervivencia del 50 al 70 %.
Por ello, insistió también durante el coloquio en que, pese a todos los avances tecnológicos y terapéuticos disponibles después, las intervenciones que han demostrado ser determinantes siguen estando al principio de la cadena: una reanimación precoz y una desfibrilación lo antes posible.
La jornada dejó también espacio para hablar de aquello que sucede cuando el paciente regresa a casa. Recuperarse de una parada cardíaca puede implicar rehabilitación física, atención a posibles alteraciones cognitivas o psicológicas y apoyo a las familias y cuidadores. Sobrevivir, se recordó durante el encuentro, no consiste únicamente en recuperar el latido, sino en intentar recuperar también la mayor calidad de vida posible.
Y esa idea quedó resumida en las historias de Antonio y Jesús: dos hombres que un día estuvieron en parada cardíaca y que, años después, pudieron sentarse ante el público para contar su propia historia. Antonio y Esther, residentes en Granada, se encontraban en Ciudad Real cuando él sufrió la parada. Desde entonces, aquella fecha se ha convertido también en una especie de segundo cumpleaños. Esther lo expresó así: “Ciudad Real la llevaremos en nuestro corazón, porque él nació hace ocho años aquí”.





